JOSÉ LAFUENTE LÓPEZ, FUSILADO Y ENTERRADO EN CIRIEGO (SANTANDER)

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Jesús Pablo Domínguez Varona & Aiyoa Arroita Lafuente.

Bilbao, 6 Septiembre 2015

LA FOSA COMUN DEL CEMENTERIO DE CIRIEGO.

La fosa común del cementerio de Ciriego en Santander (Cantabria) es una de las que por desgracia, se la considera de las más numerosas de las que se tiene constancia hoy en día. Este siniestro ranking lo ostenta la fosa común del cementerio de San Rafael en Málaga con mas de 4500 cuerpos, el de Barcelona con unos 4000 y el de Mérida con entre 2500 y 4000. En el resto de cementerios de grandes capitales los cuerpos se acercan o sobrepasan los más de 1000.
En la del cementerio de Ciriego hay 836 cuerpos de personas asesinadas durante y después de la guerra civil, de los cuales y gracias al magnífico trabajo “Rescatados del olvido” del investigador y presidente de “Héroes de la Republica” Antonio Ontañón, se ha podido dar nombre a 827 represaliados. De ellos 809 fueron ejecutados por fusilamiento y 21 por garrote vil. Estos últimos eran ejecutados en la cárcel provincial. Sin embargo su investigación da detalles de que por lo menos más de 1.300 personas fueron asesinadas y también estén en el cementerio, entre ellos más de 90 “paseados” que casi con seguridad también yacen bajo esa fosa.
El 14 de abril de 2001 se colocaron 9 monolitos de mármol con los nombres de los 827 identificados que se sabe a ciencia cierta yacen bajo la tierra de esa fosa.

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Monolitos dentro del espacio de la fosa común del cementerio de Ciriego.(Foto familia Lafuente)

HISTORIA DE UN FUSILADO ARROJADO A LA FOSA.

Uno de esos nombres señala a nuestro bisabuelo, JOSÉ LAFUENTE LÓPEZ, ejecutado y asesinado por fusilamiento contra las tapias del cementerio el 28 de julio de 1938 junto a otras 24 personas.
Pero antes de hablar de nuestro familiar, hagamos un poco de memoria histórica acerca de esta infame fosa y de los que por una u otra causa fueron arrojados a ella.

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Jósé Lafuente López. (Foto familia Lafuente)

La existencia del cementerio civil data desde los orígenes del cementerio de Ciriego, aproximádamente desde 1890, y en él se enterraban los fallecidos no católicos. Posteriormente se incorpora al cementerio de Ciriego al derribarse el muro que los separaba. Este muro es donde desde 1937 hasta 1942 se ejecutó por fusilamiento a los condenados a muerte en los juicios sumarísimos parciales.
El primer ejecutado, por garrote vil, arrojado a esta fosa fue Vicente León Miera de 36 años y natural de Barakaldo (Bizkaia), el 5 de septiembre de 1937 y el primer fusilado Roberto Álvarez Eguren de 36 años (también de Barakaldo) dos días después, el 7 de septiembre de 1937. Con ellos comenzó una larga lista de ejecutados arrojados a la fosa que acabaría el 30 de abril de 1948.
Hasta el momento no se han hecho exhumaciones en dicha fosa e incluso cabe la posibilidad, si son ciertos los rumores, que puede haber muchos más cuerpos enterrados en ella que los hasta ahora señalados. Esto se debe a que tal y como ocurre en otras fosas, pueden haber cuerpos de personas que fueron asesinadas sin ningún tipo de juicio “legal” y arrojadas a la misma.
Las ejecuciones de los condenados por fusilamiento se hacían al amanecer, a las primeras luces del día. Se les transportaba en camiones desde las prisiones con el propio piquete de ejecución, que en la mayoría de los casos se componían de soldados y guardias civiles, en ambos casos bajo control militar.
Desconocemos si posterior al fusilamiento se daba el tiro de gracia al no haberse realizado ninguna exhumación en este cementerio, pero es muy probable ya que era común y así aparece en las fosas levantadas de ejecuciones extrajudiciales que pueblan nuestros campos y cunetas.
Una vez que el Medico Forense y de las Prisiones certifica que el cadáver que observa “presenta signos de muerte real” firma el correspondiente documento.
Los cuerpos ejecutados son posteriormente montados en carros de mano alargados y forrados de zinc, que construían los de la funeraria. Después los arrimaban a la tierra y los volcaban, colocándolos en línea con cal viva encima.
Fosas en el nombre exacto de la palabra no había, eran zanjas de forma alargada y rectangular para cada cien fusilados, que construían y cavaban los presos del campo de concentración de Monte Corbán.
Este era el “modus operandi” de cavar, llenar y tapar fosas, igual que en el cementerio León, al que eran enviados los presos cercanos del campo de concentración de San Marcos. Esto sucedía en todos los cementerios del nuevo régimen franquista.
En las fosas comunes realizadas a pie de campo o cuneta, eran los propios asesinados quienes a veces cavaban su propia tumba y los vecinos de pueblos cercanos los “encargados” de tapar y borrar las evidencias del crimen. En otros casos eran los propios soldados del piquete de ejecución las que lo realizaban.
Los asesinados “legalmente” de una u otra forma que fueron a parar a la fosa se anotaron cuidadosamente. En los libros de registro de inhumados del cementerio de Ciriego aparecen el día y número de ejecutados solamente. No hacían falta más datos que reflejar, después de asesinada la persona se tramitaba su olvido.

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Dos generaciones familiares, biznieta y tataranieto de José Lafuente ante el monolito con su nombre. (Foto familia Lafuente)

JOSÉ LAFUENTE LÓPEZ ASESINADO POR FUSILAMIENTO.

Tras la caída de Bilbao semanas atrás y la inminente pérdida de Santander a favor del ejército sublevado, una interminable masa de refugiados de ambos lados se junta en las inmediaciones del puerto de la capital cántabra, con la esperanza para algunos de poder huir en barcos antes de la llegada de los franquistas.
Unos lo consiguen pero otros quedan abandonados a su suerte con la esperanza de que los que no han cometidos delitos de sangre nada les ocurra. Miles de familias deambulan por Santander intentando buscar un lugar donde esconderse o simplemente guarecerse de lo que les viene encima.
Una de estas familias es la compuesta por José Lafuente López, Plácida Riancho y sus hijos pequeños Alejandro y Claudio Lafuente, que huidos de Arija (Burgos) tratan de escapar en un barco. No lo consiguieron y se quedaron a su suerte.
José Lafuente López (Sta. Eulalia de Tábara- Zamora, 24.02.1888) vivía en Quintanaentello (Valdebezana) con su familia pero acude todos los días a trabajar en bicicleta a la fábrica de vidrio de Cristalería Española en Arija (Burgos) . Entró a trabajar en ella el 8 de abril de 1918 y según el “Libro de Afiliaciones” de la propia empresa registrado con el número 2.831, aún “esta en nomina” ya que nunca se le dio de baja, ni voluntaria ni despedido por la empresa, sencillamente no se presentó más al puesto de trabajo por ser asesinado. En sus ratos libres cuidada de su exuberante huerta que era la envidia de sus vecinos y vendía maquinaria agrícola de la marca Ajuria-Vitoria de la que era representante con sede en Medina de Pomar (Burgos).
Sus fuertes convicciones socialistas adquiridas posiblemente en Paris durante su juventud, le hicieron ser una persona comprometida con su tiempo, con sus compañeros de trabajo y con la idea de una España más justa.
En la fabrica de Arija formó parte del Control Obrero de la misma una vez comenzada la guerra, ya que era un conocido dirigente sindical de U.G.T, que entre otras cosas había ayudado a levantar la “Casa del Pueblo” con sus propias manos. También era presidente de la Sociedad de Vidrieros, adscrita a la propia Cristalería Española.
De los 5 hijos que tuvo el matrimonio, su hijo Paulino Lafuente se alistó voluntario al ejército de la república en Santander y le destinaron a Sanidad, de donde le mandaron al frente de Bilbao. Caído Bilbao, continuó luchando por la libertad en Santander hasta su caída también y continuó a Asturias donde finalmente fue capturado. Ya no volvería a ver a su padre con vida, entró en el Campo de Concentración de San Marcos en León en 1937 y salió de la prisión de Burgos en 1940. Después sufrió un largo periplo por prisiones y campos de concentración del norte de España hasta 1943.
UGT, el sindicado al que pertenecían decía tener en Arija con 80 milicianos, todos de UGT y PS para defender el pueblo, entre los que se encontraba José y dos de sus hijos Antonio y Felipe Lafuente, también comprometidos con la causa republicana. Su campo de acción como milicianos del Frente Popular era el propio frente de guerra en Burgos, casi al lado de su casa en Quintanaentello, que era republicana y Soncillo que era nacional.

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La Voz de Cantabria, 7 de septiembre de 1936.

Dado que no poseemos fotografías de esa época, por comparación con parecidos familiares  y con su propio hijo Paulino Lafuente, creémos que José Lafuente es el que esta de pie primero por la dch. con uniforme de miliciano.

En una de sus múltiples acciones el 21 de julio de 1936 les encomendaron volar un puente cerca de Soncillo que impediría la llegada de tropas desde Burgos. Una columna del ejército rebelde de camiones y cañones avanzaba hacia Cabañas de Virtus desde Burgos y apenas tenían tiempo de volarlo. Para ello y para tratar de frenar esa columna militar se habían desplazado desde Arija una partida de 14 milicianos y un grupo de 18 guardia civiles venidos de Reinosa y Santander. Sin embargo había indicios de que los guardias civiles tenían oscuras intenciones de pasarse al bando rebelde en cualquier momento. Cuando la columna llegó a sus inmediaciones hubo tiroteo y en un momento dado los guardias volvieron sus armas contra los milicianos y de espaldas retrocedieron hasta las líneas enemigas incorporándose. En la refriega se detuvo a 14 milicianos entre los que estaba Antonio que fue capturado. Felipe acabó herido en la cabeza pero vivo y se hizo el muerto evitando su captura. Antonio y el resto de milicianos se les llevó prisioneros a Soncillo para llevarlos a Burgos.

En la familia tenemos oída la historia, que no hemos podido contrastar debidamente, de que cuando llegó a oídos de su padre José la noticia del apresamiento de sus hijos (la realidad es que solo fue uno de ellos), rápidamente montó un grupo de rescate en Arija del que él iba a la cabeza. Se presentó en Soncillo y tomó como rehenes a un grupo deducido de personas (la historia familiar dice que fueron el veterinario, el farmacéutico y al alcalde) llevándoselos a Arija. Una vez allí, en territorio republicano, promete liberarlos cuando suelten a su hijos (Solo Antonio estaba prisionero).
Sin embargo no consigue su libertad. No sabemos que pasó con los rehenes pero no hay constancia de su desaparición, por lo que creemos fueron liberados, no sin antes hacer lo posible para que a su hijo se le aplicara un juicio “justo” y no una ejecución inmediata, hecho que sucedía comúnmente en cuanto se detenía a alguien con armas en la mano.
Finalmente los detenidos son llevados a Burgos y se efectúo juicio de guerra contra los 14 milicianos, de los cuales desgraciadamente sólo se tiene constancia de siete de ellos en el acta judicial de la causa 563/37. Desconocemos el destino de los otros siete. El 25 de marzo de 1937 él y los demás encausados son trasladados de Burgos a Pamplona,
Realmente no sabemos si la voladura del puente y el ataque a la columna militar rebelde se desarrollaron el mismo día o por el contrario fueron dos acciones distintas. De haber sido así, la voladura habría ocurrido antes del enfrentamiento en el que Antonio fue apresado el 21 de julio de 1936.
Estos hechos de secuestro y represalia por la captura de su hijo no son sin embargo la causa principal de su ejecución, sino otros que veremos a continuación.
Con motivo de una investigación familiar que llevamos años realizando sobre la familia Lafuente han salido informaciones relacionadas en el caso.
El archivo Regional de la Región Militar del Noroeste con sede en el Ferrol tiene todos los informes relativos a causas de consejos de guerra correspondientes a la zona de Burgos y Santander a la cual pertenecía. En el dossier de José Lafuente vienen todos y cada unos de los datos e informes partidistas que el ejército golpista creyó oportuno incluir en el consejo de guerra. En el hay una serie de ellos que envían las fuerzas afines al “glorioso movimiento nacional” como son la falange, la Iglesia y la Guardia Civil y otros de tipo administrativo como el propio Juez o Ayuntamiento, también supeditados al Régimen.
El primer documento es la carta enviada por Marcos Rodrigo Espeso, Alcalde Presidente del Ayuntamiento de Arija que en unas breves líneas describe según su particular punto de vista la personalidad del enjuiciado.

Que José Lafuente López era un individuo destacado de extrema izquierda, desde el advenimiento de la Republica, habiendo sido diversas veces Presidente de las agrupaciones marxistas, instigador de las nefasta ideas Comunistas; desde el primer momento del Glorioso Movimiento Nacional fue destacado dirigente de marxistas persiguiendo y asesinando a personas de derechas, incauntadose de los bienes de algunas de estas siendo asesor del Comité de Guerra de esta localidad, considerándosele persona peligrosa para la Causa que acaudilla el Generalísimo Franco.”

Otra carta es enviada por Samuel Lora Martínez, Juez municipal de Arija que en términos aun más breves dice lo siguiente:

“ Que el vecino de esta y obrero de C. E, José de La Fuente López es de filiación izquierdista destacadísimo Presidente de la C. del P., cuasi perpetuo, propagandista e instigador de los peores actos marxistas, alimentador de calumnias y organizador de cuanto malo se ha realizado durante el dominio rojo en este pueblo.”

Y por ultimo la carta presentada por el propio cura párroco de Arija, D. Salvador Gómez y Gómez que a modo de certificado dice lo siguiente:

“Que José de La Fuente López de esta feligresía es de extrema izquierda, ha sido presidente de la Casa del pueblo, miembro indispensable en todos los comités y responsable de todos los desordenes, muertes, saqueos, etc., habidos en esta Comarca”

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Constitución ayuntamiento de Arija en 1928. Sentados de izquierda a derecha, el parroco Salvador Gómez y en el centro junto a él, el alcalde Marcos Rodrigo Espeso, ambos testigos delatores en el juicio contra José Lafuente López.

Otro informe no menos esperado es el jefe Local de la F.E.T.Y ,(Falange Española Tradicionalista) y de las J.O.N.S en Arija José Ruiz Lucio que en unas líneas dice:

“ José Lafuente López es de filiación extremista y principal dirigente de este pueblo y alrededores, destacándose desde el advenimiento de la Republica como propagandista primero y mas tarde cuando la revolución de Octubre como cabecillas de los marxistas de esta localidad. Ha desfilado por todas las jefaturas de Juntas y Comités que se han formado al iniciarse el Glorioso Movimiento Nacional, como persona que ofrecía la máxima confianza a los dirigentes provinciales, hasta el punto de hacerle presidente del Frente Popular provincial de Santander. Es responsable directo de la muerte de diez y ocho personas de derechas de esta localidad, ignorándose donde se encuentran enterradas catorce y que él ha de saberlo…”

La propia Guardia Civil, Línea de Espinosa (de los Monteros) de la Comandancia de Burgos manda otro informe que dice:

“…que según informes adquiridos de José la Fuente López este sujeto procesado en sumarísimo nº 2647 este es de ideas izquierdistas avanzadas de malos antecedentes y conducta considerándole como uno de los principales autores de los actos vandálicos cometidos en esta comarca durante la dominación roja…”

Dicho informe de la Guardia Civil es el que incluye los 3 certificados “negativos” contra José Lafuente López, el del párroco, el alcalde y el juez municipal, todos ellos de Arija.
Sin embargo en dicho dossier no aparece ninguna carta favorable al encausado, los llamados “avales” vecinales se olvidan o no son considerados apropiados para su inclusión. Tan solo aparecen dos “declaraciones de testigo” oficiales realizadas en Santander durante la realización del Consejo de Guerra en 1938.
Uno de ellos pertenece a Fidel Hoyos Merino, Médico de Arija dice así:

“…que conoce a José de la Fuente López (sic) que sabe que ha sido Presidente del Frente Popular Interprovincial, que ha formado parte del Control de la fabrica de la Cristalería Española, y que en tal motivo a residido en Bilbao una temporada. Que con anterioridad al 18 de Julio del año de mil novecientos treinta y seis era Presidente de la Casa del Pueblo sin perjuicio de su filiación ugetista lo creé un hombre serio y no sanguinario resumiendo su actuación en la ideología de un hombre iluso”

El segundo corresponde al Químico de la fabrica Cristalería Española Eugenio Gutiérrez Roquedo, jefe inmediatamente superior al cargo de José y con el cual a tenido una amplia relación laboral en la empresa. En la misma dice así:

“…que conoce a José Lafuente López por estar afecto a un servicio que el declarante tenia a su cargo, que es un hombre serio muy aferrado a su idea marxista, que ha servido de freno a otros …. Mas jóvenes con motivo del cargo que tenía el citado Lafuente, primero como Presidente de la Casa del Pueblo y después como miembro del Control Obrero, que durante todo el dominio rojo el citado lafuente se ha comportado correctamente y no queriéndolo capaz como comisión de delitos de sangre ni de otra clase, en una palabra abunda la idea de que se trata de una persona algo ilusa pero de buenos sentimientos.”

Otro certificado es el presentado por la propia fabrica Cristalería Española con sede en Arija que no hace más que hacer mención al cargo laboral y sindical que José tenia en relación con la empresa y con los propios obreros, negando tener otros conocimientos acerca de su labor fuera de ella o familiar en el pueblo de Quintanaentello por estar alejado.
Los informes negativos de “las fuerzas vivas” del pueblo como el del Alcalde, el Juez, La Guardia Civil y la Falange tienen su significado en ser del bando contrario, llamémosle político. La del párroco es la que tiene un doble sentido de tipo “vengativo”.
Sin embargo todo tiene una explicación, durante el triunfo del frente popular y comienzo del alzamiento contra la republica, Arija queda en zona del frente pero en terreno controlado por la republica y tanto como los dueños y gerentes de la fábrica de vidrio como otras fuerzas afines a la derecha nacional salen en estampida del pueblo. Entre ellas el propio Salvador Gómez, que tanto bien tuvo que haber hecho en el pueblo, para ser unos de los primeros en poner pies en polvorosa.
La casa cural de Arija, que era propiedad del pueblo, era donde vivía el cura y al abandonar el pueblo, la Junta de Defensa de Arija a la que pertenecía el propio José Lafuente, decide que sea la familia de José la que pase a vivir en esa casa. El motivo es que el frente de guerra en las mismas puertas de su casa en Quintanaentello es sumamente peligroso para la familia y por eso se trasladan a vivir a Arija.
Como nos podemos imaginar, el odio hacia la causa “roja” y la republica lo centró después en el propio José, acusándole de todos los pecados habidos y por haber en la comarca.

APRESAMIENTO Y JUICIO.

Ante la inminente caída de Arija, todos los partidarios de la republica, milicianos y civiles con sus familias abandonan el lugar con sus pocos enseres. Carros cargados de pertenencias y niños toman camino de Santander a través del puerto de San Pedro del Romeral. La familia de José Lafuente se encuentra entre ellos y su carro avanza lentamente hacia el exilio santanderino.
En Santander las cosas no iban mucho mejor, los constantes bombardeos de la aviación rebelde dejaban muchas bajas entre la población civil y los ánimos estaban muy tensos. En una de esos bombardeos la población tomó represalia contra los afines derechistas y militares detenidos en el barco prisión en el puerto de Santander. Se una produce gran matanza entre los detenidos totalmente desarmados.
Como decíamos antes la familia no consigue huir de Santander y en algún momento entre tanta muchedumbre de refugiados hay personajes infiltrados afines a la cauda fascista. En este caso son un grupo de jóvenes los que reconocen por la calle a José Lafuente, aunque lo más probable es que ya vendrían en su búsqueda de él y otros con listas elaboradas previamente.
El caso es que lo detienen los falangistas y lo mandan a la Prisión Provincial de Santander en la que ingresa poco antes del 24 de septiembre de 1937, ya que ese día le hacen el primer interrogatorio, posiblemente después de haber pasado previamente por alguno de los numerosos campos de concentración que había en la ciudad y cuya función era filtrar los casos de los detenidos.
Había para ello una grado de implicación para con la causa republicana y el libro de Jesús Gutiérrez Flores “Guerra Civil en Cantabria y pueblos de Castilla” (2006) lo deja bien claro:

El examen de los expedientes nos permite establecer una tipología de las condenas: La excitación a la rebelión castigaba las acciones de “propaganda” que consistían en “proferir frases o palabras injuriosas” contra los generales sublevados, personas de derechas, o cualquier manifestación favorable a la República hecha espontáneamente o en el transcurso de discursos, mítines, arengas, etc. También las manifestaciones de alegría por la comisión de muestres violentas y amenazas de muerte.
La condena era de seis años y un día y se contemplaba en el párrafo segundo del artículo 240 del Código de Justicia Militar…Pero podía llegar a pena de muerte si el procesado había escrito artículos en periódicos extremistas.

El auxilio a la rebelión se imputaba, en virtud del Art. 240, al acusado que había practicado guardias armadas, participado en requisas, combatiendo como voluntario o contribuido en el derribo de campanas de la iglesia.
Se solía imponer la pena de doce años y un día. Se elevaban a veinte años si se consideraban agravantes como la entusiasta, el haber amenazado o mostrado conducta especialmente violenta con las cosas.

Y por último la adhesión a la rebelión contemplada en el Art. 238, se aplicaba a los que habían desempeñado cargos políticos, sindicales o militares, practicando detenciones o “hubiesen tenido una actuación destacada” y una “identificación plena” con los fines del Frente Popular. Perseguían también las actitudes anticlericales como “vestir ornamentos sagrados, apoderarse de objetos de culto y hacer mofa y escarnio de la religión”.
Generalmente se condenaba con reclusión perpetua. Cuando el acusado era considerado “peligroso”, responsable moral de hechos ocurridos o supuestas inducciones y ejecución de asesinatos se imponía la pena de muerte, tal y como recoge el Art. 173 de “circunstancias agravantes de peligrosidad y transcendencia de los hechos…

Ese fue el delito de nuestro bisabuelo, haber desempeñado cargos sindicales dentro y fuera de la fábrica de Arija, haber sido voluntario en el Comité de defensa del Frente Popular y miliciano, y lo más importante, defender la legalidad de la República constitucionalmente establecida. Las acusaciones de haber incitado al asesinato de derechistas y haber participado en su desaparición sin prueba alguna, no son más que inventos y meras acusaciones sin fundamento a las que ya estaban acostumbrados los rebeldes para hacer desaparecer de la faz de la tierra a cuantos rivales fuese necesario para la “Muy Grande y Libre” del “Glorioso Movimiento nacional”.
Sin embargo si hemos de ser sinceros, tampoco debíamos extrañarnos de que en plena guerra y ante el lance de tener que defender a la familia y a la republica con sus propias manos, algunos de estos hechos podrían haber sucedido. Ante sucesos que superan a uno, la violencia podría ser la única alternativa en aquel estado de guerra y persecución política.
Tras su clasificación de peligroso y a la espera del juicio es llevado de la cárcel Provincial a la prisión-convento de Las Oblatas , el 15 de octubre de 1937.
El 21 de enero es trasladado por la Guardia Civil a comparecer ante el consejo de guerra y llevado otra vez de regreso a las Oblatas a la espera de la pena capital.
El 5 de abril de 1938 se ratifica y firma la sentencia de muerte que de forma inmediata es comunicada a José, el cual el 21 de abril envía una carta del director de la prisión provincial de Santander solicitando un encuentro con su familia. Esta carta, copia que obra en nuestro poder dice así en uno de sus párrafos:

“Que necesitando con urgencia, comunicarme con mi familia, para tratar de asuntos relacionados con mi situación actual, y no teniendo otros medios para poderlo efectuar…solicito, se digne concederme la autorización necesaria para poder tener las visitas familiares que solicito.”

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Carta manustrita de José Lafuente López al director de la prisión el 22 de abril de 1938. (Documento familia Lafuente)

El 28 de julio de 1938 es entregado al oficial del piquete ejecutor para llevar a cabo la pena capital.
Junto con otras 24 personas es montado en un camión y llevado al lugar de ejecución a través de las calles de Santander donde sin ninguna misericordia es paseado en el camión a caja descubierta y visto por los familiares, de los que se despide con un “adiós familia, no me volveréis a ver”
Al rato se oyeron las detonaciones y ya no le volvieron a ver, tenía 50 años.

En recuerdo de nuestro bisabuelo y de cuantos lucharon por una España libre y republicana, ¡VIVA LA REPUBLICA!

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